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Remontada de 2ª

  • 8 may
  • 3 min de lectura

En el Paco aquella tarde no había conversación que durara más de treinta segundos sin mirar el marcador del Sporting Bauto FS. El Resti le había subido el brillo a la pantalla y aquello alumbraba más que la máquina tragaperras. En una mesa, Tomás y Marcial echaban el tute subastao contra el Rubio y el Poldo, con los cafés apartaos y el tapete lleno de cartas marcadas por mil partidas.


Rubio:

—Venga, repartid rápido, que hoy os desplumamos.


Tomás:

—Tú mucho hablar y luego te lías con los triunfos.


Marcial:

—Como siempre.


Poldo:

—¡70!.


Tomás:

—Tienes cántico pájaro...¡80!


Marcial:

—Tú iguel que el mellizo...


El Resti levantó la voz desde la barra.


Resti:

—¡Gol del Bauto! ¡Carlos Usón en el nueve!


Tomás dio tal golpe a la mesa que saltó una sota.


Tomás:

—¡¡Ahí está!! ¡Ese muchacho tiene más oportunismo que un gato en matanza!


Rubio:

—Pues recoge la carta, que casi me la echas al vino.


Marcial:

—No sabe celebrar sin montar una era.


Tomás:

—Es que estas cosas hay que vivirlas. Antes el fútbol del pueblo se seguía con más sentimiento.


Marcial:

—Y menos gritos.


La partida siguió entre renuncios discutidos, vasos de clarete y miradas continuas al marcador. La Dori iba dejando torreznos mientras el Paco se iba llenando de gente que entraba “solo a mirar cómo iban”.


Tomás:

—Lo importante es aguantar atrás. Estos partidos se ganan sufriendo.


Rubio:

—Como vosotros esta partida.


Poldo:

—Que vais más perdidos que una oveja en Valdemuertos.


Marcial miró las cartas sin levantar la cabeza.


Marcial:

—Y aun así os ganamos manos.


Llegó el descanso con el uno-cero y Tomás ya hablaba como si fuera entrenador nacional.


Tomás:

—Esto está controlao. Se nota cuando un equipo sabe competir.


Marcial:

—No lo gafes.


Nada más empezar la segunda parte, el Resti volvió a cantar gol.


Resti:

—¡David Martínez! ¡Dos-cero en el veintiséis!


Tomás levantó los brazos.


Tomás:

—¡¡Ahora sí!! ¡Hoy no se escapa!


Rubio:

—Tú preocúpate del arrastre.


Tomás miró las cartas y frunció el ceño.


Tomás:

—Marcial, échame una mano, que me estás dejando solo.


Marcial:

—No hagas trampas hablando.


Y entonces empezó el hundimiento.


Resti:

—Dos-uno…


El Paco se quedó algo más callao.


Resti:

—Dos-dos…


Rubio empezó a sonreír.


Resti:

—Dos-tres en el treinta y uno.


Aquello cayó encima del bar como una nube de pedrisco.


Tomás se quedó mirando el marcador sin mover carta.


Tomás:

—No puede ser.


Marcial:

—Pues va siendo.


Poldo:

—Igual que vuestra partida.


Rubio:

—Os hemos remontao nosotros también.


Tomás se recolocó la boina.


Tomás:

—Esto es lo malo del fútbol sala. Te descuidas dos minutos y te hacen un destrozo.


Marcial:

—Como las fugas del pueblo.


Nadie hablaba mucho ya. Solo se oía el ruido de las cartas rozando el tapete y la cafetera echando vapor detrás de la barra.


Hasta que en el minuto treinta y cuatro el Resti pegó un berrido.


Resti:

—¡¡Gol de Diego, el de Tordueles!! ¡Tres-tres!


El Paco entero respiró.


Tomás:

—¡¡Sabía yo que este equipo no se rendía!!


Marcial:

—Ahora juega la carta, anda.


Rubio:

—Todavía queda mucho.


Poldo:

—Y vosotros vais abajo.


Tomás:

—Aquí no hay nada decidido.


Ya nadie prestaba atención seria al tute. Las cartas se echaban casi por costumbre. Todos miraban la pantalla.


Y en el minuto cuarenta y cuatro pasó lo imposible.


El Resti salió de detrás de la barra levantando el trapo.


Resti:

—¡¡Carlos Usón otra vez!! ¡¡¡Tres-cuatro!!!


El Paco explotó.


Tomás casi tira la silla al levantarse.


Tomás:

—¡¡La remontada de la remontada!! ¡¡Esto no se veía desde los años buenos!!


Rubio se echó las manos a la cabeza.


Rubio:

—Qué desgracia…


Poldo:

—Nos han matao.


Marcial recogió tranquilamente las cartas ganadoras de la baza y las dejó boca abajo.


Marcial:

—Y encima os hemos ganao al subastao.


Tomás se quedó mirándole un segundo.


Tomás:

—Eso sobraba decirlo.


Marcial:

—Pero escuece más.

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By Darío Yáñez

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