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El Sporting y la tecnología, desinflados

  • 19 abr
  • 3 min de lectura

Tomás: Agárrate bien, Marcial, que esta curva de Valdegrajas la conozco yo desde que se hacía con burro.


Marcial: Mira la carretera y no el pasado.


Tomás: Voy mirando to. Pero te digo una cosa: lo de hoy en Tordómar ha sido una jornada de las que hacen afición y ciática.


Marcial: Más ciática que afición.


Tomás: Salimos confiados, con la modernidad en la mano. “Pon el marcador del móvil”, me dijiste.


Marcial: Pa no movernos.


Tomás: Y aquello empezó a poner cosas rarísimas. Primero cero-cero, luego dos-cinco, luego descanso en el minuto nueve.


Marcial: Un marcador borracho.


Tomás: Yo dije: “Esto lo arregla Radio La Trini, que pa eso están las ondas”.


Marcial: Las ondas estaban de vendimia.


Tomás: Sintonizamos y se oía una voz lejana diciendo “buenas ta…” y luego un estruendo como si arrastraran chapas por la era.


Marcial: Y después nada.


Tomás: Luego volvió un segundo con uno gritando “¡dale, dale!” y se cortó otra vez. Ni sabíamos si era fútbol o una pelea por aparcar.


Marcial: Información precisa, ninguna.


Tomás: Entonces tomé una decisión histórica. Giré el volante con autoridad y dije: “A Tordómar. El hombre nació pa ver con los ojos”.


Marcial: Y casi te comes la cuneta al decirlo.


Tomás: Fue entusiasmo táctico. Llegamos en la segunda parte, con el sol de lao y media provincia en la banda.


Marcial: Y tú preguntando el resultado a cualquiera que respiraba.


Tomás: Uno me dijo tres-dos. Otro dos-tres. Otro que no sabía pero estaba bonito.


Marcial: Gente fiable.


Tomás: Ya dentro vi al Sporting Bauto fajándose como toros de feria. Kikín mandando, Josu con nervio, Asier metiendo guerra… aquello tenía alma.


Marcial: Y el Tordómar también jugaba.


Tomás: Claro, y bien serio. Habían marcao en el 22, en el 25 y luego en el 52. Tres zarpazos.


Marcial: Y nosotros también tres.


Tomás: Josu en el 11 abrió la esperanza, Asier en el 17 mantuvo el pulso y luego Kikín en el 69 soltó un trallazo moral.


Marcial: Trallazo normal. Entró y ya.


Tomás: No rebajes la épica. Cuando entró ese gol se levantó la banda como si regalaran vino.


Marcial: Tú el primero.


Tomás: Yo di un salto limpio, atlético, elegante.


Marcial: Pisaste una nevera.


Tomás: Sin consecuencias. Después vinieron minutos tensos. Uno pedía penalti, otro falta, otro médico, otro hielo.


Marcial: Lo normal en el fútbol de pueblo.


Tomás: Yo animaba con criterio: “¡Vamos Bauto, orden y cabeza!”


Marcial: Y no te oyó nadie.


Tomás: Pero suma. Todo apoyo suma.


Marcial: Menos el tuyo al árbitro.


Tomás: Ese hombre tampoco ayudó. Pitaba tarde, corría peor y miraba regular.


Marcial: Como tú conduciendo ahora. Frena.


Tomás: Ya freno, ya. Mira qué suavidad. Esto lo hago con dos dedos.


Marcial: Hazlo con los ojos mejor.


Tomás: Al final, empate a tres. Un resultado que sabe a trabajo honrado.


Marcial: Sabe a empate.


Tomás: No entiendes la poesía del deporte humilde. Campo, sol bajo, gente gruñendo, chavales corriendo, uno con trompeta rota… eso no te lo da el móvil.


Marcial: Ni falta que hace.


Tomás: Lo que sí quedó claro es que la tecnología engaña.


Marcial: Y la radio falló.


Tomás: Sí, pero nos empujó al campo. Bendito desastre.


Marcial: Si llega a funcionar, estábamos en casa sentaos.


Tomás: Y nos perdemos el gol de Kikín, el ambiente y al de la boina que discutía solo con un banderín.


Marcial: Ese eras tú.


Tomás: Detalles menores.


Marcial: Mira, ya se ven las luces de Quintanilla.


Tomás: Pues directos al Paco a contar la crónica, que esto hay que narrarlo como merece.


Marcial: Tú narra. Yo ceno.



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By Darío Yáñez

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