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3-1 El espíritu del Pedrolas

  • 8 mar
  • 3 min de lectura



Bodega de Quintanilla del Agua.

Mesa larga de madera, platos de chorizo, queso y morcilla. Una garrafa de vino clarete en medio. Tomás y Marcial están cenando con los amigos mientras comentan el partido.


Tomás:

—Marcial… lo de esta tarde ha sido cosa seria.


Marcial:

—Tú siempre dices lo mismo aunque empaten a cero.


Tomás:

—No, no… que hoy no ha sido un partido cualquiera. Hoy el Josu ha hecho historia.


Marcial:

—Historia dices… tres goles ha metido.


Tomás:

—¡Tres goles en diez minutos!


Marcial:

—Eso sí es verdad.


Tomás:

—Minuto cincuenta y cinco… ¡zas! El primero.


Marcial:

—El portero todavía estaba mirando al linier.


Tomás:

—Minuto sesenta y cinco… ¡el segundo!


Marcial:

—Ese ha sido bueno.


Tomás:

—Y dos minutos después… ¡el tercero!


Marcial:

—Ahí ya los de Tordómar se miraban unos a otros como diciendo “¿qué está pasando aquí?”


Tomás:

—¡Un hattrick en diez minutos, Marcial!


Marcial:

—Eso en este campo no se ve todos los años.


Tomás:

—Ni todos los diez años.


Marcial:

—Ni los doce.


Tomás:

—¡Eso! Desde los cuatro goles del Pedrolas.


Marcial:

—Hace doce años.


Tomás:

—Me acuerdo como si fuera ayer.


Marcial:

—Tú te acuerdas porque te bebiste media cuba celebrándolo.


Tomás:

—Hombre, aquello fue una fiesta.


Marcial:

—Pues hoy casi.


Tomás:

—Cuando ha metido el tercero el Josu, el campo parecía las fiestas de San Roque.


Marcial:

—Yo al de al lado casi le tiro el gorro del salto.


Tomás:

—Y los de Tordómar ya no sabían por dónde venía el aire.


Marcial:

—Normal.


Tomás:

—Tres cero en diez minutos.


Marcial:

—Tres cero no… tres goles del mismo.


Tomás:

—Eso es lo que digo.


Marcial:

—Luego al final el suyo, el Enrique ese…


Tomás:

—Sí, Enrique Jiménez.


Marcial:

—Ha metido uno en el noventa.


Tomás:

—Gol de esos que llegan cuando ya estás pensando en la cena.


Marcial:

—O en abrir el vino.


Tomás:

—Pero vamos, que el partido estaba ganado de sobra.


Marcial:

—Desde el segundo ya estaba claro.


Tomás:

—¿Tú has visto cómo ha entrado el segundo?


Marcial:

—Como un tiro.


Tomás:

—Ese balón no lo para ni el portero del Real Madrid.


Marcial:

—Ni aunque lleve red.


Tomás:

—Yo te digo que ese chico tiene fútbol.


Marcial:

—Tiene gol.


Tomás:

—Que es lo difícil.


Marcial:

—Gol y piernas.


Tomás:

—Y cabeza.


Marcial:

—Bueno… cabeza ya veremos.


Tomás:

—No seas cenizo.


Marcial:

—Yo solo digo que mañana hay que madrugar.


Tomás:

—¿Para qué?


Marcial:

—Para ir a ver si el tractor arranca en Matacaballo.


Tomás:

—Ah, eso sí.


Marcial:

—Porque meter goles está muy bien…


Tomás:

—Pero arar no se ara solo.


Marcial:

—Exactamente.


Tomás:

—De todas formas te digo una cosa.


Marcial:

—Dila.


Tomás:

—Lo de hoy lo vamos a estar contando años.


Marcial:

—Eso seguro.


Tomás:

—“¿Te acuerdas del hattrick del Josu?”


Marcial:

—“Sí, el día que cenábamos en la bodega.”


Tomás:

—Y que tú dijiste que no era para tanto.


Marcial:

—Yo no he dicho eso.


Tomás:

—Lo has pensado.


Marcial:

—Yo lo que pienso es que llenes los vasos.


Tomás:

—Eso sí que es importante.


Marcial:

—Más que el fútbol.


Tomás:

—Bueno… casi.


Marcial:

—Anda, echa vino.


Tomás:

—Va por el Josu.


Marcial:

—Y por el Pedrolas.


Tomás:

—Y por el fútbol del pueblo.


Marcial:

—Y porque el año que viene ganemos otra vez.


Tomás:

—Eso está hecho.


Marcial:

—Si mete otros tres en diez minutos…


Tomás:

—Nos bebemos la bodega entera.


(Se oyen risas y los vasos chocan mientras la conversación sigue entre el olor a vino y chorizo.) 🍷


Josu, el goleador
Josu, el goleador

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